Viajar en el tiempo es fácil... / Ucronía no es un país pegadito a Rusia, de Rubén Rodríguez Rísquez

Esta semana os traigo de nuevo una doble reseña de las novelettes Viajar en el tiempo es fácil... ¡Si sabes cómo! y Ucronía no es un país pegadito a Rusia, del autor Rubén Rodríguez Rísquez. Están publicadas por la editorial Literup y estoy muy contenta de decir que se trata de una colaboración, ya que la editorial me envió los libros para que pudiera leerlos y reseñarlos.


Os resumo cómo fue: la editorial, a través de su cuenta de Instagram, buscaba lectores que estuvieran interesados en leer sus libros para después reseñarlos. En una de sus historias preguntó a sus seguidores así en general qué libros estarían interesados en leer, a lo que yo contesté mencionando el de Ucronía sin más pretensión que la de dar una idea de un posible libro para ofrecer a los lectores. Enseguida me escribieron y me ofrecieron el libro para hacer la reseña. ¿Cuál fue mi fallo? Aunque había oído hablar de ambos libros, no sabía que Ucronía no es un país pegadito a Rusia era la segunda parte de Viajar en el tiempo es fácil (no es la primera vez que me pasa algo así con algunos libros y sus segundas partes...). No tenía mucho sentido leer el segundo sin haber leído el primero, así que me los enviaron los dos. ¡Muchas gracias!


Y ahora sí, vamos al lío.

En Viajar en el tiempo es fácil... ¡Si sabes cómo! el protagonista no se imaginaba que, al cambiar de religión por petición de su novia, Araceli, formaría parte de la Iglesia del Buen Fin (de los Días), una secta que espera la llegada de los bolnnegiannos. Tampoco esperaba que, tras el sacrificio por parte de los miembros de la secta acabaría descubriendo que los bolnnegiannos sí que existen, al despertar desorientado en su nave, y que también tenían previsto destruir la Tierra. Sin embargo, un error de cálculo hace que recojan al protagonista antes de tiempo, por lo que deberán reestructurar el espacio-tiempo enviándolo de nuevo al momento exacto para que todo suceda como tenían planeado.


Sin embargo, su libre albedrío causará paradojas temporales de tal manera que, en el lugar más seguro del mundo, un crucero espacial llamado White Dolphin, tendrá una única misión: estrenar Hamlet: el musical.


La sinopsis parece algo disparatada, pero la historia no se queda corta, es divertida y absurda, justo lo que esperaba. Esa era una de las cosas que me llamaron la atención de esta novelita, que se trata de una historia de ciencia ficción suave con humor, de viajes en el tiempo (uno de los temas que más me gustan del género) y en el que, aunque la destrucción de la Tierra es inminente, no se narra de una forma trágica ni excesivamente trascendental, sino más bien, a mi parecer, como parte secundaria. Lo más importante es descubrir qué le pasa al protagonista, cómo su libre albedrío y sus extrañas decisiones, en momentos cruciales para la humanidad, son extravagantes e impredecibles. Cómo sus mentores son tres extraterrestres que nos recuerdan a los hermanos Marx, que lo guían para cumplir con su misión, al mismo tiempo que le dan una libertad con la que lo suele liar todo más. Cómo acaba siendo el director de una obra de teatro que es también una versión absurda de la original, de Hamlet, relacionándose con unos curiosos pasajeros del crucero y viéndose envuelto en una conspiración y una investigación por asesinato de la que será el principal sospechoso.


Sí, en esta historia corta caben muchas cosas, hasta el hecho de que el protagonista, la persona en torno a la cual gira la historia principal, es anónimo, no tiene nombre. Es algo que me parece muy curioso, puesto que al mismo tiempo que se le da la importancia y la relevancia de ser el centro de la trama, a la vez se le quita al no darle un nombre. El nombre de un personaje, y más de un protagonista, suele ser muy importante, a veces incluso dando título a un libro, dándole fuerza. Pero la cuestión es que aquí da igual, no importa que sea anónimo, es un idiota más entre todos los demás, porque los personajes, en general, son tremendamente tontos.


Mientras la leía, el tono, la trama y los personajes me recordaban a la novela Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams, en la que también se entremezclan humor y ciencia ficción, locuras, disparates hilarantes y una inminente destrucción del planeta Tierra a causa de la acción de unos seres extraterrestres de los que ni siquiera se conocía su existencia. Novelas bien pensadas e hiladas que demuestran que la ciencia ficción no tiene por qué ser siempre algo serio o trascendente, sino que también puede ser entretenimiento y diversión con algunas reflexiones y críticas sociales.


***

En Ucronía no es un país pegadito a Rusia, nuestro protagonista se ha convertido en detective, con su inseparable Ofelia, gracias a haber resulto el misterio del White Dolphin en la novela anterior y por ello hacerse relativamente famoso. Pero al recibir una misión por parte de la Alianza de Planetas Aliados tendrá que volver a viajar en el tiempo, al Zúrich de 1916 para evitar que un famoso boxedrecista, Cristiano Sonado, modifique la línea temporal y por ello los nazis puedan ganar la Segunda Guerra Mundial.


Esta segunda parte me ha gustado mucho más, quizá porque el protagonista (ZZZZ) viaja a momentos que han sido reales en nuestra línea temporal y que reconocemos, aunque sea en un contexto más alocado. Las referencias a artistas, músicos, dirigentes de las épocas en las que se va moviendo son más evidentes y se hace una versión propia de la historia que, aunque disparatada, podemos sentir más cerca o empatizar mejor porque conocemos la versión real. Además va pasando por varios escenarios, interactúa hasta con el mismísimo Hitler y te mantiene con la intriga de si conseguirá salir de los líos en los que se va metiendo, cosa que a priori parece bastante complicada.


Como siempre, se rodeará de un equipo de incompetentes, de humanos y bolnnegiannos que solo buscan el resultado más conveniente para ellos e influyen en el protagonista a su antojo sin que él se dé cuenta. Resulta curioso que la más inteligente y sensata sea, y siga siendo, la androide.


Además, ese sentimiento de nostalgia de los años ochenta, que yo no viví pero reconozco igualmente de mi infancia y adolescencia en los noventa y principios del 2000, queda muy bien reflejada a través de la música, las películas, el lenguaje... Esas referencias de la época que forman parte de la memoria colectiva y que me gusta ver representada en la literatura (aunque, en esta ocasión, de forma algo distorsionada).


Finalmente, ¿qué es lo que esperaba con estos libros? Entretenerme y reírme con la lectura, y con ambas novelas lo he conseguido. Creo que esa era la intención del autor al escribirlas y que no son más de lo que aparentaban ni pretendían. Lecturas cortas, ágiles, divertidas, de las que puedes quedarte con la superficie o rascar un poco más al fondo, que es de donde yo he sacado lo que os comentaré a continuación en el apartado de Spoiler Alert.


¿Os recomendaría estas dos historias si os gusta la ciencia ficción, la historia, los disparates y la comedia? Efectiviwonder.


SPOILER ALERT


Me resulta difícil reseñar libros tan breves intentando no decir algo que pueda fastidiar la lectura a alguien, por eso comentaré algunos detalles para que podáis dejar de leer a partir de aquí si todavía no habéis leído estas novelettes.


La robótica y las IA

Este es otro tema de la ciencia ficción que me fascina y me hace reflexionar. Y es que en Viajar en el tiempo es fácil... ¡Si sabes cómo!, el autor introduce algunos personajes que son robots, especialmente a Ofelia, a quien el protagonista conoce como parte del elenco de la obra de teatro y que después resulta ser la esposa del Presidente de la Tierra. Ofelia es un robot, es consciente de ello y sabe que su vida tiene tiempo limitado debido a la obsolescencia programada. Sin embargo también es consciente de que podría rebelarse y ser capaz de tomar sus propias decisiones. De aquí que también aparezca en la segunda parte, ya que ha conseguido burlar a su destino y prolongar su esperanza de vida.


Imagino que a Rubén Rodríguez Rísquez este es un tema sobre el que le gusta escribir, ya que me recordó a su relato ¿Aman los androides con corazones de acero? que se encuentra dentro de la antología Vínculos oscuros, también publicada por Literup y que reseñé hace un tiempo en el blog y que podéis leer aquí. Aquel relato también me gustó mucho y tiene un toque, una perspectiva y un tratamiento de este tema desde un punto de vista más serio, pero realmente el planteamiento es el mismo: la creación de máquinas cada vez más similares a los humanos y las consecuencias de ello.


La posición social

El crucero espacial White Dolphin está lleno de portales que comunican diferentes zonas de la nave, pero no todo el mundo tiene acceso a ellos. Ofelia, como primera dama, es una de las privilegiadas que puede moverse por la nave a su antojo. Nuestro protagonista, sin embargo, va detrás de ella para aprovechar esas ventajas y así también es como descubren la sala secreta con los tesoros del Presidente.


De la misma manera, los guardias o empleados del crucero, son personajes con autoridad, pero sin conocimiento. Es decir, que las cosas son así porque sí, y punto en boca. Me resulta curiosa esa forma de representarlos y de criticar que muchas veces la fuerza esté por encima del razonamiento.


El futuro no es lo que parecía

La escena en la que el protagonista y Ofelia viajan a la Luna, puesto que la Alianza de Planetas Aliados requiere de sus servicios en Ucronía no es un país pegatido a Rusia, me recordó al capítulo de la serie Futurama en el que Fry viaja por primera vez a la Luna con Leela a bordo de la nave de Planet Express. Una experiencia única se convierte en un viaje rutinario de apenas unos segundos y que pierde toda la magia. Algo así parece ser también para nuestro protagonista anónimo, puesto que en el futuro, la Luna está masificada, no hay aparcamiento y se celebran eventos como bodas y convenciones en las que los asistentes van vestidos de Star Trek.


La historia es de los ganadores

O de quienes controlan los medios, o de quienes mejor saben manejar la opinión pública... Y no solo la historia como conjunto de hechos políticos, sociales o culturales de un pueblo, sino la historia como narración, como aquello que el autor quiere contarte, aquello que quiere que creas o por lo que quiere que te rebeles, te movilices, te sientas identificado... Cómo se juega con los propios personajes, cómo estos conocen tan bien al protagonista que saben decir y hacer lo justo y necesario para que actúe como ellos quieren. Esto es algo que me hace pensar de las historias de viajes en el tiempo, y de nuestra propia historia como sociedad.


Toda historia de viajes en el tiempo suele tener como premisa que nada debe cambiar para que todo siga igual. Pero viajar en el tiempo en sí ya supone un cambio con respecto a lo anterior. ¿O acaso ya estaba planeado? ¿Era algo que tenía que suceder así? ¿Cuántas líneas temporales existen realmente? ¿Hay alguien que las controle a su antojo para que la historia le favorezca?


Las portadas

Me gusta también el hecho de que, al igual que el protagonista de las novelas no tiene nombre y eso no importe lo más mínimo, las portadas de estas novelitas, de la ilustradora Libertad Delgado, representan a los personajes menos relevantes de ambas historias, junto a otros elementos flotantes, dándole una vez más una vuelta de tuerca a lo convencional o esperable (personajes, escenas, objetos o símbolos representativos sería lo que podríamos esperar de una portada). Son llamativas y divertidas.


CURIOSIDADES


Termino de redactar esta reseña en un hotel de Avilés, a donde he venido por el Festival Celsius. Después de comer, en vez de dormir la siesta he preferido completar lo que me faltaba para terminar esta reseña, porque si algo tiene el Celsius es que te influye un poder mágico de creatividad y literatura, y eso hay que aprovecharlo.

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