Nistagmo, de Bruno Puelles

Mi última lectura ha sido la novela Nistagmo, de Bruno Puelles. Mis ganas de leer esta novela surgieron por varias razones: la primera es porque trata dos temas que me resultan interesantes como son el sueño, las ganas y el acto de dormir, y el trabajo, la ocupación o actividad laboral; la segunda es que la novela obtuvo la Mención del Acta del Jurado del Premio UPC en 2018, premio literario que otorga la Universidad Politécnica de Cataluña, por lo que pensé que algo especial debía transmitir para conseguir ese reconocimiento; la tercera es porque está publicada por Apache Libros, editorial de la que ya había leído algún título que también me había gustado mucho (El espejo del tiempo, de Salvador Bayarri). Al igual que hay autores que me gustan, también hay editoriales que publican obras muy interesantes, por lo que trato de aportar mi granito de arena, y más en estos tiempos, comprando directamente los libros que más me llaman la atención de sus catálogos.

Nistagmo cuenta la historia de Simón Ariza, un hombre que tiene un trabajo al que dedica 8 horas al día, una familia con tres hijos a los que atender, una vocación en segundo plano, la escultura, así como proyectos abandonados por falta de tiempo. Su participación en un experimento para probar un fármaco que le permitirá no dormir parece la solución a sus problemas, ya que podría aprovechar todo el tiempo que dedica a descansar en aquello que realmente le hace feliz. En un primer momento todo es ideal: tiene tiempo para trabajar, para su familia, para la escultura, incluso para volver a estudiar y reencontrarse con amigos, y lo mejor de todo es que no está cansado. Sin embargo, pasados unos meses, la reacción que produce el fármaco experimental deja de ser lo que era.


En primer lugar hablaré del sueño y el descanso. Teóricamente me resulta curioso y hasta atractivo el hecho de dejar de dormir para aprovechar todas las horas del día. Todos lo hemos dicho alguna vez, el es que no tengo tiempo.... Pero en la práctica, y como dormilona de campeonato que soy, me parecía un sacrilegio renunciar al sueño, ya no solo por el placer que nos supone a muchos, sino porque es necesario para descansar el cuerpo y la mente. Simón decide someterse a este experimento porque cree (o así se lo venden) que será más productivo teniendo más horas en el día y que su cuerpo no necesitará ese descanso, pero conforme avanza la trama, y conforme más tiempo pasa, se da cuenta de que esto es contraproducente. Al principio está encantado porque puede hacer todo lo que hace normalmente y mucho más. Sin embargo, lo que le pasa más adelante ya no es solo que no le hace falta dormir, sino que le resulta imposible incluso si lo intenta.


En la novela, el mercado laboral está cada vez más dañado porque han aparecido los todoterreno, personas que pueden hacer cualquier tipo de trabajo cobrando unos sueldos ridículos, lo que ha hecho que las empresas se aprovechen de ellos y que afecte también a los trabajadores que no son todoterrenos, pues ellos quieren trabajos y sueldos dignos, cuando hay otros para quienes estos son requisitos completamente prescindibles. Además, algunos de ellos están desapareciendo misteriosamente, hay para quien esto parece una barbaridad y algo por lo que preocuparse, mientras que para otros, quienes no les tienen tanta simpatía, puede ser hasta un alivio.


Llegados a este punto, y antes de profundizar un poco más en la trama, me planteo dos cosas:


· La primera es si realmente necesitamos más tiempo o bastaría con aprovechar bien el que tenemos. Dejando fuera las teorías ficticias como la que plantea esta historia, hay ciertos momentos del día que tenemos que dedicar sí o sí a tareas rutinarias (dormir, comer, aseo, limpieza y cuidado personal), luego están aquellas que permiten que podamos ser independientes económicamente y quizá realizarnos (trabajo), lo que también permite estabilidad, tranquilidad y la posibilidad de pensar en el futuro (por ejemplo en formar una familia que a su vez dependerá de nosotros) y la dedicación a otras actividades que quizá no nos permitan ser independientes económicamente (aficiones), pero que nos llenan, nos hacen felices y nos cargan las pilas para realizar esas otras que no nos hacen tan felices pero sustentan a las que sí. ¿Haríamos más cosas de tener más tiempo disponible o perderíamos más el tiempo? Aquí no puedo evitar acordarme de la familia Cullen, de la saga Crepúsculo. ¿No creéis que siendo inmortales (bueno, en cierto modo, porque los vampiros sí que podían morir aunque de formas menos comunes que los humanos), los hermanos Cullen perdían el tiempo repitiendo una y otra vez el mismo curso escolar? En su caso, ¿el concepto de perder el tiempo sería correcto? Porque siendo para ellos infinito, no lo medirían de la misma manera que los mortales... La cuestión es que en esa otra trama no hay ningún fármaco de por medio que interrumpa el sueño (¿los vampiros dormían? Creo que no, pero ya no lo recuerdo), y aún así no hay manera de que se aproveche útilmente en su totalidad. Supongo que hasta en estos casos es inevitable sucumbir a la rutina. El caso es que el fármaco del que nos habla Nistagmo no genera más horas en el día, sino que permite aprovechar todas las existentes. Sin embargo, cuando se deja de dormir, los días dejan de ser días para convertirse en un tiempo continuo e ininterrumpido que trastorna al protagonista.


· La segunda es la distorsión del mercado laboral. Por qué los todoterreno están mal vistos está claro, aceptan cualquier trabajo a cualquier precio, haciendo que las personas normales tengan que aceptar esas mismas condiciones para conseguir un trabajo o si no las aceptan se queden desempleadas. Pero aquí hay varios factores: se tiende a demonizar a los empresarios por aprovechar esta circunstancia, y en muchos casos es así, tanto en la novela como en la vida real. Pero, ¿acaso debería estar mejor visto el trabajador que se infravalora? En mi opinión, muchas de estas actitudes injustas se mantienen en el tiempo porque el trabajador las acepta (aquí hablo de forma general y no entro a valorar las circunstancias personales y las razones por las que cada uno pueda tomar determinada decisión y que lógicamente es libre de tomar). Al igual que en la vida real, en la novela también hay empresarios justos y honrados, que valoran y defienden al trabajador. ¿De dónde surgen los todoterreno entonces? Tendréis que leer la novela para saberlo y si ya lo habéis hecho podréis leer más abajo, después de los asteriscos, en la parte en la que comento los detalles.


La historia me ha gustado y la he leído muy rápido por eso. Sobre lo que comentaba más arriba, qué podía tener de especial, para mí es lo siguiente: se desarrolla de forma ágil, no tanto para mí al principio, sino a partir de la implantación del fármaco, y me ha hecho pensar en lo que os contaba sobre el sueño, el descanso, el tiempo y el mundo laboral. Hay ciertos momentos en los que el misterio se apodera de la trama y el lector está tan confuso como Simón, preguntándose qué es lo que pasa, quién está detrás y en quién se puede confiar y en quién no. La novela también es breve (apenas supera las 130 páginas), de ahí que el resto de la reseña la comente bajo los asteriscos porque no es posible hablar de ciertos aspectos sin destripar la trama.


CURIOSIDAD PARTICULAR:

Me encanta el título de la novela, Nistagmo. Una sola palabra, directa, concisa y extraña, puesto que no sabía lo que significaba hasta ahora, pero que es un guiño a la trama. He tenido mucho cuidado de no meter la pata al escribir esta palabra tantas veces...


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SPOILER ALERT


La historia transcurre con un contexto de fondo de una ciudad envuelta en un clima abrasador. Las autoridades recomiendan no salir al aire libre a ciertas horas y el contraste de temperatura con los lugares cerrados es muy grande. Sin embargo no se profundiza en este sentido, pero a mi entender hace una clara, aunque discreta referencia al cambio climático.


Al principio me resultó curioso que, cuando Simón vuelve a los laboratorios en los que comenzó el experimento para informar de que no se encuentra bien y quiere interrumpirlo, (empieza a sentirse cansado, pero el fármaco le impide dormir. Está distraído, desconcentrado, lento y no quiere continuar así) no le hacen ningún caso. Nunca he participado en un experimento de estas características, pero me hubiera imaginado que le preguntarían las razones, qué síntomas tenía, que le explicarían si eso era normal o no y tomarían nota, ya que supuestamente se estaba haciendo un estudio de ello. Tan solo le muestran el documento de consentimiento que firmó, donde dice que para interrumpir el tratamiento debe pagar la operación y una costosa multa. No es hasta algo más adelante que se descubre que ese es el objetivo de la empresa, evitar que los voluntarios puedan volver a la normalidad, conducirlos por el camino que ellos quieren ya que no les importa su salud y tienen otras intenciones con dicho experimento.


En cuanto a los todoterreno, su denominación me resulta contradictoria, ya que cuando se les define en profundidad, e incluso cuando el propio protagonista se convierte en uno de ellos como consecuencia del fármaco, se hace patente que de todoterreno tienen poco. Son más bien personas cansadas, desanimadas y desesperadas. Es entonces cuando se entiende por qué aceptan cualquier trabajo a cualquier precio, porque quieren ahorrar para deshacerse de ese fármaco que les está haciendo la vida imposible y la operación para extirparlo es demasiado costosa. O también porque resulta tan evidente que son todoterreno, que no todo el mundo los acepta y su propia condición y la sociedad les lleva a ello. Se llegan a convertir en un sector marginado, marcados con el sambenito de un característico tic en el ojo. Al principio, cuando leí la sinopsis y antes de avanzar en la trama, creí que los todoterreno serían personas con altas capacidades, rápidas, ágiles, inteligentes, y que además se vendían barato, por lo que en ese caso sí que podrían realmente convertirse en una importante competencia para el resto. Pero en el fondo, o al menos a mi parecer, son personas nada envidiables, sino más bien creo que, al contrario, ellas ansiarían poder ser como los demás, o volver a serlo. La única ventaja que veo que podrían obtener los empresarios de ellos sería la de un tener trabajadores baratos y desesperados, quizá por eso más influenciables, aunque mediocres.


La familia de Simón me pareció tremendamente tierna. Sus tres hijos, cada uno con su carácter, dotan al protagonista de un mayor sentido de la responsabilidad y la entrega, y también son el botón de seguridad que le hace reaccionar y por lo que acaba dándose cuenta de su penosa y peligrosa situación. Tras el accidente de tráfico, en el que Simón no tiene la culpa, pero que por su mermada capacidad de concentración empeora, aumenta su paranoia y manía persecutoria, así como su determinación para proteger a su familia y volver a la normalidad, quizá estresante, pero que era capaz de dominar. Agradezco al autor que no le dejara secuelas a Ainara, ni nada peor, porque es un personaje adorable y sufrí un poquito tras el accidente.


En definitiva he disfrutado con esta historia, y aunque es breve no se me ha hecho corta, me parece que profundiza en los temas que el autor quería destacar, el sueño y el mundo laboral, y lo hace con un buen ritmo de narración.

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