El escritor y la autocrítica

Esta semana no me ha dado tiempo a terminar de leer el libro que tengo entre manos y por lo tanto tampoco he podido preparar la reseña para que saliera hoy. Por eso, desde mi Instagram, pedí propuestas y sugerencias de temas sobre escritura, publicación, libros... que pudieran interesaros para el post de esta semana. De todas las propuestas (que me han parecido muy interesantes y que dedicaré una publicación para cada una) he decidido empezar por una en la que me planteaban los siguiente:


¿Qué opinas de tu propia obra? ¿Eres más de amar tu creación o de verle los fallos constantemente?

He decidido empezar por este tema porque está relacionado con la reflexión que hice hace dos semanas, que titulé La obra permanece, el autor no, y que también podéis leer clicando en el enlace.


Voy a empezar respondiendo a la primera pregunta. ¿Qué opino de mi propia obra? Pues no opino lo mismo de un libro o relato mientras lo estoy escribiendo, al poco de haberlo terminado, o si ha pasado mucho tiempo desde entonces. Como comentaba en la reflexión que os he mencionado antes, mi primera publicación fue mi novela Último tren a la Tierra, que escribí hace unos siete años. No soy la misma persona que escribió esa novela, por lo que no pienso lo mismo ahora de ella que cuando la publiqué. En aquel momento consideraba que era de lo mejor que había escrito hasta la fecha y por eso decidí que fuera la novela con la que empezar en el mundo literario. Me siento satisfecha de haber empezado a publicar con esa historia, le tengo mucho cariño y, aunque ahora, tiempo después, no la veo de la misma manera (pues la parte de misterio que contiene es mejorable, el desarrollo de algunas escenas, las descripciones me costaban mucho de hacer...) sé que ha gustado a mucha gente e incluso ha introducido a más de uno en el género de la ciencia ficción. Soy consciente de sus carencias o defectos, pero como en todo, los comienzos no tienen que ser perfectos y siento que fue la mejor manera que tenía en aquel momento de empezar a publicar.


¿Qué opino de mis otras obras? Estoy muy contenta con el resultado de La noche perpetua aunque la pobre es mi novela maldita en lo que a ventas se refiere, por razones que desconozco, y a la vez es mi novela estrella porque ha gustado mucho a algunos lectores y me ha abierto otras puertas en el mundo literario (dar charlas literarias en un instituto, de eso puedo hablar en otro momento). Fue mi segunda novela, que escribí durante un verano con mucho entusiasmo, tenía mucho más claro lo que quería conseguir con ella y sentía que, después de la primera, en cierto modo me consolidaba un poco en esto de escribir, que no era algo pasajero, que quería seguir haciéndolo y tanto mis lectores como yo notamos el cambio y la evolución.


Después llegaron Piel metálica y el relato ilustrado La tierra prometida, obras con las que me atreví a arriesgar un poco más. Piel metálica toca varios temas, algunos muy scifi, y me gusta mucho cómo quedó la parte final. La tierra prometida es una distopía postapocalíptica que me costó bastante escribir por ser más cruda que todo lo que había escrito hasta el momento, pero fue un reto con un resultado muy satisfactorio y del que he recibido muy buenas críticas.


Sobre mis relatos, decir que escogieron Realidad 10.4.2 para la antología Alucinadas 3, cosa que me alegró enormemente por ser la primera vez que un jurado leía y seleccionaba un relato mío. Lo escribí con mucha calma y sin grandes expectativas de que fuera escogido, quizá eso me ayudó a no esperar nada y llevarme una grata sorpresa después. Me siento muy orgullosa de esa historia porque tuvo la oportunidad de estar entre otros relatos maravillosos de ese libro, lo que también hizo que se me conociera un poco más a nivel nacional (por desgracia es un libro que ya está descatalogado, así que no descarto publicar el relato en algún momento para que lo podáis leer). La paradoja de Lightmoon es otro relato muy especial para mí porque fue seleccionado para la antología Visiones 2019 y en el que rendía homenaje a Isaac Asimov, uno de los autores de ciencia ficción que más me gusta y más me ha inspirado (también le hago un gran guiño en La noche perpetua ;) ). Verde, el mal tiene muchas formas es un relato de terror, el primero y único que he escrito por el momento, en tono de fantasía y paranormal, pero que no ha tenido mucha visibilidad a pesar de estar disponible con descarga gratuita —matizo esto: lo subí con la opción «paga si te gusta» de la plataforma Lektu, con la que podéis descargarlo gratis y después os llega un mensaje recordando que podéis pagar por él, aunque no es obligatorio. Puede que esto echara para atrás a algunos lectores, ya que en el tiempo que lleva publicado ha tenido muy pocas descargas. Lo publiqué de esta manera como experimento y creo que quizá me equivoqué si eso ha hecho que a menos gente le interese porque puedan verse en un compromiso. También en Lektu podéis leer los relatos Nosotros llegamos primero y su versión navideña En el espacio nadie puede oír tus villancicos. Me lo pasé genial escribiendo estas historias. De hecho, Nosotros llegamos primero lo envié a un concurso, pero al no ser seleccionado decidí publicarlo de forma gratuita porque quería que la gente tuviera la oportunidad de leerlo.


En cuanto a la pregunta de si amo mi creación o le veo fallos constantemente, me gusta lo que hago y al mismo tiempo sé que no es perfecto. Podría repasar mis historias una y otra vez, y cada una de esas veces podría hacer cambios, pero hay que conformarse en algún momento para poder avanzar. Tal y como comenté en mi anterior reflexión, cada vez es una Irene la que escribe y no puedo cambiar eso. La que publicó Último tren a la Tierra era inexperta y de ella han aprendido todas las demás. Además está la parte incontrolable de los gustos y expectativas de cada lector, por lo que también es posible que a ellos les guste o encuentren fallos (algunos pueden ser evidentes y otros subjetivos), por lo que creo que hay que hacer un libro lo mejor que uno pueda, con esfuerzo, dedicación y alegría, pero sin obsesionarse con la perfección. En algunos casos he visto mis fallos y en otros más bien las diferencias con respecto a cómo haría ahora las cosas, pero tuvo que ser así en su momento porque no sabía hacerlo de otra manera.


En definitiva estoy contenta y satisfecha con mis obras. Mis primeras publicaciones fueron los primeros pasos, me han servido para aprender y mejorar, con todas he disfrutado y he conseguido muchas cosas: haber conocido a otros autores y lectores, haber podido dar charlas, asistido a eventos, descubrir que esto tiene sentido porque me hace sentir bien y porque hay lectores que han disfrutado con mi trabajo y esperan otros nuevos. No me obsesiono con el pasado, sino que intento superarme en cada obra nueva, de una forma u otra, y espero que eso se note en mis próximos trabajos.



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