El club de los miércoles, de África Vázquez Beltrán

Esta semana volvemos al instituto, a las clases de lengua, inglés, matemáticas y nos apuntamos a un club como actividad extraescolar. De esto trata El club de los miércoles, de África Vázquez Beltrán, una novela juvenil, ligera y muy amena.

Ruth, la profesora de Lengua, decide crear un grupo de arte los miércoles por la tarde ya que no hay asignaturas en el instituto con las que sus alumnos pueden desarrollar su lado más artístico. Ryan, Cloe, Jian, Melania, Iván y Helena son, en cierto modos, los inadaptados de la clase y los únicos que se apuntan, algunos con cierta reticencia, y se irán dando cuenta de que aunque en un primer momento no parece haber nada que los una tienen más en común de lo que piensan.


Y es que además de las clases en el instituto, todos tienen una lucha particular, como suele ser normal en la adolescencia: la búsqueda de uno mismo, de lo que les gusta y lo que les hace felices; a veces también una lucha externa contra quienes no les entienden, quienes esperan otra cosa de ellos o de aquellos que simplemente no les conocen ni se molestan en hacerlo.


Me ha parecido una historia ligera, sencilla, amena, llena de valores y en la que se representa a los jóvenes desde la diversidad. Una trama realista, contemporánea y con un mensaje positivo. Durante la lectura intentaba recordar los libros que yo leía con la edad de los personajes y no me venía a la cabeza ninguno parecido a este. Así a bote pronto pensaba en Memorias de Idhún, Crepúsculo, Harry Potter, Molly Moon, Temblor... todos son sagas, por cierto. Además de la edad de los protagonistas, lo que tienen en común estas historias es que se desarrollan en un contexto de fantasía en el que siempre hay algo más grande que los personajes, algo que deben resolver, de lo que dependen sus vidas y las de otras personas. En El club de los miércoles no pasa eso, los personajes son personas reales con problemas de adolescentes reales con los que cualquiera podría sentirse identificado o haberlo vivido en su juventud. Trata de problemas o dificultades con los estudios, la relación con la familia, con los amigos, el primer amor o el primer desamor, la búsqueda de uno mismo y del propio camino... En esta novela lo importante son los personajes y su entorno. Acercándome a la treintena he disfrutado igualmente de esta historia, quizá por la perspectiva, quizá por la nostalgia. Ha sido un paréntesis entre otras novelas o relatos que he leído recientemente, más adultos, más complejos, con mensajes más intensos, sociales o reflexivos.


Yo misma participé en el colegio en obras de teatro. Recuerdo una, interpretada en valenciano, en la que hacía de abuela y tenía una única frase; años más tarde otra profesora intentó reclutarme para otra obra pero me negué, y es que en aquel momento no quería hacerlo, no me sentía cómoda ni animada para ello y conseguí escabullirme (siempre he sido muy vergonzosa y me cuesta hablar en público, como a mucha gente). Es más probable que algo salga mal si se hace sin ganas y sin motivación. Por eso entiendo que algunos personajes tuvieran reparo en un principio a apuntarse, porque la motivación más fuerte tiene que venir de uno mismo, de lo que uno quiere conseguir, de la meta particular que se proponga. Es cierto que hay quien necesita un empujoncito, pero la insistencia también puede ser contraproducente. En mi caso, años después me he guardado la vergüenza en un bolsillo (porque ella y los nervios siguen estando conmigo) y he sido capaz de hacer presentaciones de libros o dar charlas y conferencias delante de mucha gente. Pero la diferencia es que eso me gusta y lo disfruto. Por eso creo que a los jóvenes primero hay que preguntarles qué es lo que quieren hacer y qué es lo que les gusta y después darles las herramientas o los consejos para que ellos mismos puedan llegar a su objetivo. Los componentes del club de los miércoles no solo encuentran un entretenimiento y una distracción, sino también amistad, comprensión y en algunos casos la oportunidad de potenciar y desarrollar una pasión, una necesidad del alma.


Por último decir que el libro incluye ilustraciones de los personajes, realizadas por Amparo Játiva, junto a la descripción de aquello que les gusta y lo que no, y una frase que los define. Como siempre esto le da un plus al libro y hace que el lector empatice más fácilmente con ellos, ya que desde un principio los conoce aunque sea a grandes rasgos. Este es un detalle que me encanta.


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SPOILER ALERT


Tan solo quería comentar un par de cosas aquí abajo y es que en El club de los miércoles se visibilizan temas de una forma tan natural que uno puede no darse cuenta siquiera de que se está tratando, pero que igualmente calan en el lector, se reconocen y se aplaude ese uso tan normal, ya sea para exponer ciertos temas o para combatir otros.


La situación de ser madre soltera de Ruth, la profesora de lengua que crea el club; la relación tóxica entre Melania y su novio; el racismo hacia Jian; la homofobia hacia Ryan por ser gay, más adelante se explica que es bisexual, y la negativa en un principio de su padre a que quiera ser artista; los prejuicios hacia Cloe por sus amistades a pesar de ser una chica muy amable y cercana; la gordofobia hacia Helena o que Iván oculte su orientación sexual por miedo a que se metan con él al igual que le pasa a Ryan. Todos los personajes lidian con ello, algunos tienen un carácter o personalidad más fuerte que otros, pero todos por igual, especialmente los jóvenes, necesitan que les abran los ojos, que hay cosas que no importan para ser buena persona, para conseguir lo que uno desea y triunfar, y a veces eso lo consigue la persona menos esperada.


No influye estar gordo para cantar bien, no influye ser de otro país para poder gustar a la chica más guay de la clase, no influye ser gay para tener buenos amigos y ser respetado, y se puede ser gay a la vez que deportista y masculino. Se pueden romper los estereotipos, se puede ser ejemplo para alguien aunque ni lo imaginemos, se pueden ver las virtudes en los demás aunque puedan estar ocultas por los prejuicios. A veces las vemos antes en los demás que en nosotros mismos.

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