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Anécdotas de escritora #5: Escritores en su tinta y Alucinadas III

A finales de 2015 me uní a Escritores en su tinta, un grupo de escritores de Elche, que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en la actual Asociación Literaria y Cultural Escritores en su tinta. Como sabéis, por esas fechas yo hacía poco que había empezado a publicar y a distribuir mis libros en pequeñas librerías de la provincia. Me hablaron de Escritores en su tinta en la Librería Séneca de Elche cuando fui a dejar allí algunos ejemplares de mis libros. La verdad es que tardé un tiempo en contactar con ellos porque me daba vergüenza: yo no era nadie, apenas tenía experiencia y tendría que desplazarme a Elche a sus reuniones semanales, lo que para mí, con 23 años entonces, suponía un recorrido que no era habitual y, aunque pueda parecer una tontería, todavía no me atrevía a hacer sola. Al final me animé a contactar con este grupo y es de las mejores cosas que he hecho a nivel literario. Al principio era mi madre la que me acercaba a Elche los martes por la tarde, ella se daba un paseo o iba de tiendas mientras yo estaba en la tertulia conociendo a estos escritores; al tiempo ya iba y venía por mi cuenta, el camino hacia la cafetería de la estación de tren en la que siempre se reúnen se convirtió en una rutina. Me lo pasaba muy bien, descubrí a un grupo de gente estupenda, dispar pero unido, hice amigos y además eran amigos escritores, con los que compartía una faceta de mi vida muy importante para mí. Gracias a pertenecer a la asociación también tuve la oportunidad de estar en más eventos y asistir a nuevas ferias, con lo que pude darme a conocer ante nuevos lectores; pude dar charlas sobre ciencia ficción y participar como jurado en el concurso literario que se creó en honor al escritor ilicitano Manuel Vicente Segarra Berenguer, quien también perteneció al grupo y fue uno de sus fundadores. En 2022 abandoné al asociación, habían sido más de 6 años de compromiso y trabajo que transcurrieron con ilusión y donde colaboré con mucho gusto, pero sentía que ese ciclo había terminado para mí. Acudí a este grupo cuando no sabía hacia donde dirigirme en mi carrera como escritora, y sin duda, aprendí, compartí y me sentí acogida.


Por estas fechas descubrí que los concursos literarios eran otra buena forma de darse a conocer, si te eligen, claro (ya había probado suerte hacía tiempo con algún relato, pero sin demasiadas expectativas). También había concursos literarios específicos de temática de ciencia ficción —sí, resulta que el mundo era más grande de lo que parecía—, y me animé a participar en algunos. A finales de 2016 envié mi relato Realidad 10.4.2 a la convocatoria Alucinadas III y a principios de 2017 fue seleccionado para formar parte de la antología. Imaginaos la ilusión que me hizo que mi relato fuera seleccionado, lo fueran a publicar y además compartiera libro con otras autoras del género que también empezaban, u otras con gran recorrido como Elia Barceló.


Comentaros en este punto algo que casi me cuesta la participación en este libro, a modo de curiosidad y para que estéis atentos y que no os pase lo mismo. Oficialmente, los relatos seleccionados en la antología los darían a conocer el día 1 de febrero de 2017, tal y como indicaban las bases del concurso, sin embargo, las seleccionadoras contactaron por email con nosotras varios días antes. Yo, novata del todo, no revisé el correo, esperando que el día 1 publicaran algo en la web, en redes sociales, o si era seleccionada me llegara un mensaje ese día. El día 19 de enero de 2017 recibí la noticia por email de que mi relato había sido seleccionado, pero yo no lo vi hasta el día 28 de enero, cuando incluso había recibido un recordatorio indicándome que si no contestaba confirmando mi interés en participar con este relato, tendrían que prescindir de mí. Nerviosa perdida contesté al instante, dos veces, mostrando mi interés en participar y disculpándome por no haberlo visto antes. Así es como casi me quedo sin una de las experiencias más chulas de mi carrera literaria y sin un logro personal del que me siento particularmente orgullosa (conocí a otras autoras de ciencia ficción, pude acudir a las presentaciones del libro que se organizaron en Madrid y Valencia con algunas de ellas, me di a conocer como escritora más allá de mi entorno y cobré por primera vez los royalties de un relato sin haber invertido yo previamente en su publicación).


A modo de curiosidad extra, añadir que la presentación de Alucinadas III en Valencia fue el lunes 29 de enero de 2018 en la Librería la Rossa. Yo acababa de empezar en un trabajo nuevo en una empresa en Alicante, ese lunes era mi primer día, y tuve que pedir permiso para poder salir antes y que me diera tiempo a llegar a la presentación. Cenamos en Valencia y volví a casa de madrugada, para al día siguiente ir a trabajar… No sería esta la última vez que haría algo así, malabares con los horarios y las fechas para poder compatibilizar la escritura con el trabajo en la empresa en la que estuviera en cada momento. Por ejemplo, hace algo más de dos años, en la empresa en la que trabajo ahora, la misma semana que empecé tuve que pedir permiso porque ya me había comprometido a dar la charla en el instituto de Valencia, como os conté en la anécdota #4. La verdad es que siempre he tenido suerte con estas cosas y me han dado facilidades para mi asuntos.


Como habéis podido leer estas semanas, el camino no siempre ha sido fácil, pero no por ello hay que desanimarse o rendirse. Es cuestión de establecer prioridades y comprender de qué manera se pagan las cosas que hacemos. A veces nuestro esfuerzo se pagará con dinero: sueldo, royalties de las ventas, gastos pagados por la invitación a participar en algún evento como el transporte o la comida... Otras veces se pagará con ilusión: dar una charla y que alguien se interese por tu trabajo, ser jurado en un concurso y ver cómo funcionan las cosas desde el otro lado, leer una buena reseña de tu libro, unos cuantos corazones en alguna publicación o escribir estas anécdotas para vosotros, para que me conozcáis mejor y para que quizá os ayuden mis errores o mi desconocimiento de ciertas cosas, y también para mí, porque de vez en cuando está bien mirar hacia atrás y contemplar el camino recorrido.

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