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Anécdotas de escritora # 1: autopublicación

Al comenzar a escribir, a veces resulta complicado redactar el principio de una historia, una primera frase que llame la atención, que enganche o simplemente que describa dónde y cómo empieza nuestro personaje. A mí me gustaría contar mi propia historia, desde el principio, especialmente cuando empecé a publicar, ya que quizá os resulte interesante o puede que incluso os ayude si vosotros también estáis empezando en esto de escribir.

Siempre he sido lectora, algunas épocas más y otras menos, y también he sido escritora, aunque sin ser del todo consciente de ello en la juventud. De pequeña escribía cuentos, también lo que con el tiempo descubrí que se llamaban fanfics —o historias de ficción en las que los protagonistas son personajes famosos—, y también escribí algún intento de novela. Lo mantenía en secreto, por alguna razón era algo que me daba vergüenza contar a los demás, quizá demasiado íntimo para compartirlo en ese momento. Pero llegó un día en el que quise dar un paso más, quería ser una escritora consciente y convencida de ello, y para eso necesitaba lectores.


Publiqué mi primera novela en 2014. No era la primera historia que escribía, pero decidí que quería que fuera la primera en publicarse. Después de informarme sobre cómo podía publicar un libro terminé decidiéndome por la autopublicación. Parecía muy difícil que una editorial tradicional pudiera interesarse por el libro de una autora novel —de hecho hoy en día, no siendo ya tan novel, sigue siendo complicado—, por lo que pensé, ¿quién va apostar por mi libro? Y la primera persona que apostó por él fui yo misma. Confiaba en mi historia, me gustaba y tenía esa enorme ilusión por ver mi libro publicado y poder ponerlo en la estantería junto a todas esas novelas que de niña y adolescente me habían encantado, me habían enamorado o me habían hecho madurar.

Así que me lancé. Último tren a la Tierra nació en octubre de 2014 y con él, mis amigos y familiares descubrieron que me gustaba escribir hasta ese punto, el de intentar introducirme en el mundo literario. Opté por una editorial de autoedición, Editorial Círculo Rojo. Mi experiencia con ellos fue positiva, aunque caí en los errores de autora novata ilusionada. En aquel momento —aunque sigo teniendo esta novela publicada con esta editorial porque aún me quedan ejemplares, ya hace años que cambié mi forma de publicar y desconozco si ellos también han cambiado sus servicios—, la editorial no corregía, por lo que la primera edición tenía algunos fallos que hubieran sido fácilmente eliminados por un ojo experto. Yo misma había leído la historia decenas de veces, pero uno se acostumbra a ver siempre lo mismo y ya no detecta los errores. Para la segunda edición hice algunos cambios, siendo ya consciente de esto, aunque es inevitable que siempre quede algo que se pueda mejorar.


Otra de las ilusiones perdidas fue la de las presentaciones del libro. Círculo Rojo, en función del número de ejemplares que el autor decidiera imprimir, ofrecía diferentes servicios y uno de ellos era poder presentar el libro en una librería. El autor elegía una librería en su ciudad y la editorial hacía las gestiones correspondientes. Podéis imaginaros mi emoción al pensar que podría presentar mi primer libro en una de las librerías para mí de referencia, donde siempre iba a comprar libros o donde sabía que grandes autores iban a firmar los suyos. Yo escogí FNAC de Alicante y la editorial se puso a trabajar. Lo que no te dicen al firmar el contrato de edición, es que las presentaciones no dependen de la editorial, sino de la librería. La editorial ofrecía ese servicio, pero no lo podía asegurar. Por aquel entonces, FNAC no tenía ningún hueco en su agenda para que yo pudiera presentar mi libro e imagino que tampoco tendrían ningún interés especial en ello. Tras varios intentos nunca presenté mi libro allí. Mi primera presentación, como os comentaré más adelante en otro post, la organicé yo misma tiempo después.


Al año siguiente, en 2015, volví a publicar con esta editorial mi segunda novela, La noche perpetua. ¿Por qué lo volví a hacer sabiendo todo lo que os he contado anteriormente? Porque me resultaba fácil. Para un autor que está empezando, que está solo, que tiene mucha ilusión pero ninguna experiencia, una editorial de estas características pone el libro en tus manos, pero te abandona frente al mundo literario. Meses después yo ya sabía lo que os he contado, así que no volví a caer en esos errores, ya caería en otros más adelante. Lo importante era tener mi libro y yo ya me encargaría yo de moverlo.


Con esto no digo que no utilicéis este tipo de editoriales, sino que os informéis bien antes de publicar y comparéis diferentes opciones. En aquel momento, yo no tenía nadie a quien pedir consejo, por lo que fui haciendo camino y aprendiendo sobre la marcha.


Mis consejos al respecto son varios: ante todo, leed mucho, lo que más os guste. Leer ayuda a buscar algo que contar y la forma de hacerlo, a aprender vocabulario y saber utilizarlo. Escribid mucho, aunque la mayoría de las cosas que escribáis sean para vosotros, os servirán igualmente y ya llegará el momento en que puedan leerlo otros. Buscad alguien que os revise y aconseje con sinceridad e intentad que vuestra historia sea la mejor posible. Y, si esto es lo que queréis hacer, nunca dejéis de intentarlo. Poneos metas a corto plazo que podáis ir alcanzando para pasar después a la siguiente y no os desaniméis ante el primer problema, porque después vendrán más, y así aprenderéis a afrontarlos y solucionarlos.


Yo ya cumplí mi sueño, el de publicar una novela y verla en la estantería. Ahora sigo aquí para seguir cumpliendo nuevos sueños.

Esta ha sido una de mis anécdotas con la autopublicación, seguiré contando mi propia historia de escritora y espero que os ayude en vuestro camino literario.


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