Comprad, comprad, mis hermosos jabalíes...

Si pienso en los momentos en los que más tiempo compartí con Manolo, tengo que decir sin duda que fue en las ferias. Dentro de poco hará un año que empecé a formar parte del grupo de autores Escritores en su tinta, y gracias a ellos he podido estar en varios eventos con mis libros. En todas las ferias en las que he participado (Monóvar, San Fulgencio, la Feria del Libro de Alicante y la de L'Aljub), he estado al lado de Manolo. Incluso en el sorteo de los sitios en la feria de L'Aljub, cuando el azar hizo que otra compañera estuviera entre nosotros, después el destino quiso que al final nos tocara juntos.


En Monóvar me colocó los libros en la mesa. Claro, era la primera feria en la que yo estaba y pecaba de novata. Teníamos un pequeño pique, porque cuando él vendía, también lo hacía yo. Qué le vamos a hacer, sería la suerte del principiante. Aunque él siempre decía "hasta el rabo todo es toro", y como si esas fueran las palabras mágicas, alguien se acercaba a mirar sus libros cuando el resto ya estábamos recogiendo.




En San Fulgencio no nos comimos ni un colín, pero intercambiamos libros. Él se llevó mi Noche perpetua y yo ¿Amor? para un regalo.


En la Feria del Libro de Alicante me lo volví a llevar, entonces para mí. Un libro muy divertido, y más conociendo al autor. Mucho antes de eso me leí Jinetes al amanecer y durante la feria, La Reina Imposible. No pudo venir todos los días, pero siempre estaba presente:

—Manolo, he ido a ECU a por más libros tuyos.

—♥;




Y cuando estaba:

—Irene, ¿puedes ir a comprarme tabaco?

(Yo le puse mala cara, pero al final fui. Me pidió dos paquetes, y ya no sé si consciente o inconscientemente, yo le llevé solo uno. Entonces, él también me puso mala cara);




En la Feria de L'Aljub siempre que podía allí estaba, caminando con pasos cortos, pero firmes. Y si no, por escrito:

—¿Vendrás esta tarde? —le preguntaba.

—Sí, pero un poco más tarde. No vais a libraros de mí tan fácilmente.

—Ni tú de mí —le dije—. Ahora que somos menos necesitamos más hombres en el fuerte. Tenemos que proteger nuestros tesoros.

—Calma, en un rato estoy ahí.


Y es que resulta difícil dejar de hacer lo que a uno le gusta.



Manolo, ¿qué voy a hacer ahora sin ti en las ferias? Todavía me queda mucho por aprender...



En cualquier caso, me quedan tus libros para, más o menos, volver a hablar contigo. Qué puedo decir, si es que tu recuerdo es como la tinta: imborrable.



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