El manantial, de Ayn Rand

November 4, 2015

Buenos días.

 

Hoy os voy a hablar de la novela que ocupa mi mesita de noche, El manantial de Ayn Rand (1943). Estoy leyendo una edición dividida en dos tomos y he esperado a terminar el primero para hablaros de ella.

 

Howard Roark es el protagonista de esta historia, un arquitecto que no termina la carrera en la Escuela de Arquitectura del Instituto Tecnológico de Stanton, es expulsado debido a sus ideas contrarias a algunos de sus profesores y a lo que ellos quieren inculcarle sobre la arquitectura. Esto no impide que Roark consiga trabajo, en primer lugar con Henry Cameron, otro arquitecto que fue respetado y admirado en otro tiempo, y al que ya nadie valora. Esto también hará que Roark siga sin tener importancia entre otros grandes de la profesión. Otro de los personajes a los que más líneas dedica esta historia es a Peter Keating, compañero de universidad de Roark, que sigue un camino muy distinto: consigue reconocimiento entre compañeros, profesores e importantes arquitectos, y alcanza el éxito y la construcción de grandes edificios para acabar siendo socio de una gran compañía de arquitectura: «Françon y Heller», que pasará a llamarse «Françon y Keating».

 

Estos dos personajes principales son completamente opuestos, ya no solo por los diferentes caminos que toman sus carreras, sino también por su personalidad. Mientras que Roark se mantiene íntegro, fiel a sí mismo y a lo que desea crear, Keating es inseguro, tramposo y su éxito no le pertenece por completo. Sin embargo es él quien triunfa y no Roark. A pesar de ello, Roark asume sus decisiones y comprende que si no puede hacer lo que quiere, no hará lo que quieran los demás.

 

Esto es una característica de las novelas de Ayn Rand, ya que también lo pude observar en La rebelión de atlas. La integridad de sus personajes, la fuerza de sus acciones y sus decisiones, la aceptación de sus consecuencias. A veces hasta puede parecer irreal, demasiado utópico, ya que viviendo en sociedad es inevitable ceder en ciertas ocasiones a los deseos de los demás y abandonar los propios.

 

Uno de los inconvenientes de esta edición es la cantidad de erratas que he encontrado. Y ya no solo por mis ojos de traductora, que hacen que las detecte con más facilidad, sino porque en este caso hay demasiadas. No sé si las editoriales tendrán en cuenta estas novelas con más de setenta años de antigüedad, y si les sería beneficioso reeditarlas. En mi opinión, los libros de Ayn Rand son pequeños tesoros que esconden personalidades dignas de conocer, y sería mucho mejor hacerlo en una versión corregida y cuidada.

 

¡Ahora voy a por el segundo tomo!

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